El viento helado de El Alto no solo enfrió las ilusiones de Chile. También marcó el fin del corto y turbulento ciclo de Ricardo Gareca como técnico de “La Roja”. La derrota 2-0 ante Bolivia no solo dejó al equipo sin chances de ir al Mundial 2026, sino que selló una despedida que parecía cantada desde hacía semanas.
Minutos después del pitazo final, Gareca fue notificado en el vestuario: su etapa había terminado. Lo comunicaron en persona el presidente de la ANFP, Pablo Milad, y el secretario Jorge Yunge. Era el golpe final de un proceso que nunca despegó.
En lugar de evadir la situación, el “Tigre” enfrentó con entereza el momento. Habló con sus jugadores, agradeció el compromiso y dio una breve conferencia: “Es un golpe duro. Me tendré que levantar, como Chile también tendrá que hacerlo”.
El ambiente ya era tenso antes del partido. El equipo no respondía, y Gareca parecía resignado. Los números eran lapidarios: apenas 10 puntos, seis goles a favor, quince en contra y un 8,3 % de efectividad. Nunca antes un técnico de Chile había tenido un rendimiento tan bajo en partidos oficiales.
“Siempre sentí el respaldo. No hubo conflictos económicos. No tengo nada que reprochar”, cerró el argentino.
Así terminó uno de los capítulos más amargos del fútbol chileno. Ahora, con el Mundial fuera de alcance, comienza otra historia: la búsqueda urgente de una reconstrucción.

