En el Callao, el puerto que todo lo ve, un nuevo golpe al narcotráfico dejó al descubierto los tentáculos de una red que ya cruzaba fronteras. La Fiscalía del Callao logró decomisar 317.88 kilos de clorhidrato de cocaína de alta pureza, camuflados en 270 paquetes tipo ladrillo. ¿El destino? Europa. ¿El origen? Una organización que tendría vínculos con el temido Cártel de Sinaloa, de México.
La droga estaba lista para viajar. Cada bloque compacto representaba una fortuna para el crimen organizado, y una amenaza silenciosa que se mueve entre contenedores y documentos de exportación. Pero esta vez, el cargamento no despegó.
El decomiso no fue casual: forma parte de una investigación en curso que sigue el rastro de una red criminal con conexiones internacionales. Un trabajo fiscal minucioso, coordinado, que busca desmontar pieza por pieza el engranaje que permite a estos grupos operar desde suelo chalaco.
El Callao, punto neurálgico del comercio y también del riesgo, se convierte nuevamente en escenario clave de una lucha que no se detiene. Y aunque esta batalla no salió en horario estelar, sí marca un mensaje claro: el narcotráfico no tiene vía libre.

