¡Billeteras en emergencia!
La situación del combustible en la Provincia Constitucional sigue siendo un dolor de cabeza constante para los transportistas y amas de casa. Este viernes 20 de marzo, el GLP (Gas Licuado de Petróleo) mantiene precios que tienen a más de uno al borde de un ataque de nervios, especialmente tras los problemas de suministro que han golpeado a toda la región en las últimas semanas.
El balón de gas por las nubes
Para quienes viven en zonas como Ventanilla, Mi Perú o el Cercado del Callao, conseguir un balón de gas doméstico de 10 kilos se ha vuelto una misión casi imposible sin desembolsar una fuerte suma. En varios distribuidores autorizados del puerto, el precio del «balón» sigue bordeando los 100 soles, una cifra que golpea directamente el presupuesto familiar en medio de una economía que ya se siente bastante ajustada.
A pesar de que el Ministerio de Energía y Minas (MINEM) levantó temporalmente las restricciones de horario para la descarga de camiones cisterna en el Callao para agilizar el reabastecimiento, la oferta aún no logra estabilizar los precios de venta al público final.
GLP vehicular: el puerto «se quema»
Los taxistas y conductores de combis que recorren rutas críticas como la Av. Faucett o la Av. Gambetta también están sufriendo las consecuencias. Aunque el puerto es la puerta de entrada de gran parte del combustible del país, los precios en los grifos locales no reflejan esa cercanía:
En Oquendo y alrededores del terminal: Se pueden encontrar algunos de los precios más «cómodos» del Callao, pero las colas son interminables y el stock vuela en cuestión de horas.
En zonas céntricas (Cercado y Bellavista): El litro de GLP vehicular se mantiene por encima de los promedios históricos, obligando a los conductores a trabajar horas extra solo para cubrir el costo del llenado de tanque.
Riesgo de paro y «estanflación»
La situación es tan crítica que diversos gremios de transporte del Callao ya están evaluando sumarse a un paro nacional. Los choferes aseguran que el bono de S/ 120 otorgado por el Gobierno es un «pañito de agua tibia» que no alcanza para cubrir el incremento real de sus gastos operativos.
Si a esto le sumamos que el costo de los alimentos también sube por el flete, el riesgo de una estanflación (precios altos con economía estancada) es una realidad que preocupa a los expertos y, sobre todo, al vecino chalaco que ve cómo su sueldo se evapora en el grifo y en el mercado.