Los primeros días de agosto trajeron más que olas al litoral chalaco. Tras la caída de contenedores del buque taiwanés Ever Lunar frente a la costa peruana, algunos vecinos de distritos cercanos al mar no dudaron en sacar provecho. En Ancón, por ejemplo, se llegó a vender electrodomésticos y productos de belleza que llegaron flotando desde Asia. Pero mientras unos hacían negocio, otros comenzaban a preocuparse.
Cuatro días después, los residuos empezaron a llegar al Callao, específicamente a Playa Costa Azul en Ventanilla, uno de los balnearios más conocidos y cercanos a los Humedales de Ventanilla, un Área de Conservación Regional que alberga una diversidad única de aves, reptiles y plantas nativas. Junto con el mar, también arribó el tecnopor: ese enemigo blanco del medio ambiente que tarda siglos en degradarse.
“Este material, además de contaminar el mar y los suelos, puede afectar la salud humana y la cadena alimenticia”, advirtió el abogado ambientalista César Ipenza. Y es que el poliestireno expandido no solo flota, también se incrusta en ecosistemas frágiles como los nuestros.
La situación pone sobre la mesa responsabilidades claras. Ipenza señala que las autoridades nacionales, portuarias y los operadores del buque deben asumir el costo de la limpieza. No se trata solo de recoger basura, sino de proteger el futuro ecológico del Callao.

